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Las prácticas de la Orientación Educativa






Hacia la construcción de perspectivas críticas en Latinoamérica

Por Sergio Rascovan (*)

Resumen:

Las prácticas de la Orientación Educativa en América Latina han sido desde sus inicios un campo de disputa por parte de técnicos y profesionales. La línea divisoria tuvo de un lado las versiones técnico-adaptacionistas y por otro, las críticas-emancipadoras.
La Orientación Educativa puede ser pensada como el conjunto de discursos y prácticas - sostenidos por profesionales especializados- que promueve la interrogación de la dimensión conflictiva de las instituciones educativas, al mismo tiempo que colabora en el desarrollo y cumplimiento de sus funciones específicas.
La Orientación Educativa se desplegaría en un doble circuito. Por un lado, una posición analítica, clínica, en un sentido amplio del término, basada en la de-construcción de la dimensión conflictiva de la vida en las instituciones educativas y del malestar como expresión de la misma. Por otro, en una posición pedagógica centrada en la construcción de líneas de acción, de estrategias de intervención, de programas relacionados con la vida institucional y las problemáticas psicosociales de época. Es un trabajo de gestión y de clínica al mismo tiempo.
Desde una perspectiva crítica se trataría de una orientación que no orienta (en el sentido de no definir una dirección preestablecida desde un lugar de saber, es decir, desde un lugar de poder que anula al otro) sino que sea capaz de sostener la singularidad y el protagonismo de los sujetos, de los grupos y de las instituciones en la definición de sus
 
propios problemas y en la búsqueda colectiva de las alternativas para abordarlos y superarlos.
Podríamos postular la inscripción de las prácticas de Orientación Educativa como  prácticas de salud mental, teniendo en cuenta la estrecha relación entre los discursos y prácticas pedagógicas y las terapéuticas.


Palabras clave:

Orientación educativa – perspectivas críticas - doble circuito - posición analítica, clínica – posición pedagógica - salud mental – intersecciones entre salud y educación -


Introducción

Las prácticas de la Orientación Educativa en Latinoamérica han sido desde sus inicios un campo de disputa por parte de técnicos y profesionales. La línea divisoria tuvo de un lado las versiones técnico-adaptacionistas y por otro, las críticas-emancipadoras.


Esta tensión ha tenido en los últimos años una nueva impronta promovida por los cambios políticos e ideológicos de la región con sus efectos en las prácticas educativas en general y de orientación en particular. A partir del siglo XXI, fueron varios los gobiernos de Latinoamérica se han propuesto recuperar el papel del Estado como regulador de la economía, como promotor del crecimiento económico, como activo impulsor de políticas sociales tendientes a paliar las graves desigualdades sociales. Estas posiciones contrastan con la hegemonía del mercado durante los últimos años del siglo pasado, época en la que los gobiernos neoliberales desguazaron los estados, transformándolos en
 
gestores de corporaciones económicas, dejando abierto el espacio para la profundización de las políticas del privilegio.
Los cambios políticos mencionados están en curso. Las formas de intercambio y cooperación entre los estados han variado, la UNASUR (Unión de Naciones Sudamericanas) es la expresión más notoria en la búsqueda de la construcción de una identidad y ciudadanía sudamericanas alejada de los centros de poder.
En este contexto histórico, por iniciativa de la Red Latinoamericana de Profesionales de la Orientación y de diversas asociaciones de estados americanos (Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica, Puerto Rico, Venezuela), se está insistiendo en la construcción de un Modelo de Orientación Latinoamericana.


Los más influyentes enfoques en Orientación han surgido en Europa y Estados Unidos y se han aplicado sin mediaciones en contextos culturales, geográficos, sociales muy distintos. Es precisamente la necesidad de revisar críticamente dichos modelos lo que constituye una invitación y una exigencia para todos los profesionales de la orientación en el vasto territorio de América Latina.


Desde nuestra perspectiva, se trataría de construir un polo crítico más que un modelo convergente y unificador. Se trata de generar un espacio confluencia de discursos y prácticas que tiendan al abordaje de las problemáticas propias de nuestra región y la búsqueda de soluciones con compromiso social que atienda fundamentalmente a los sectores más desprotegidos de la población. Una orientación como práctica liberadora, emancipadora.
 
Las perspectivas críticas en Orientación tuvieron un hito muy importante en el IV Congreso de ULAPSI (Unión Latinoamericana de Entidades de Psicología) en abril del año 2012 Montevideo cuyo lema fue: “Construyendo la Identidad Latinoamericana de la Psicología" en el que se llevó a cabo un simposio sobre Orientación Educativa. En el mismo participaron, entre otros, los directores de la Revista Mexicana de Orientación (REMO) Héctor Magaña Vargas, Bernardo Muñoz Riverohl, Jesús Hernández Garibay, los colegas brasileños Marcelo Afonso Ribeiro y Silvio Duarte Bock, el equipo directivo de Punto Seguido (Argentina) representado por Daniel Korinfeld, Daniel Levy y Sergio Rascovan y  el colega Miguel Carbajal Arregui por parte del país anfitrión, Uruguay.


Con variedad de aportes teóricos que fueron desde el construccionismo social (Ribeiro), el abordaje sociohistórico-dialéctico (Duarte Bock), el paradigma crítico, complejo y transdisiciplinario con fuerte impronta del psicoanálisis (Rascovan, Korinfeld, Levy) y la mirada plural pero comprometida con los valores éticos y sociales que privilegian el desarrollo solidario y democrático por sobre aquellos que anteponen el individualismo y la competencia salvaje (REMO, Magaña, Riverohl, Hernández Garibay) se intenta abrir paso al difícil camino de construir un polo crítico de la Orientación en nuestras latitudes.


La experiencia de intercambio llevada a cabo en Montevideo más el esfuerzo constante que se viene desplegando desde la Red Latinoamericana de Profesionales de la Orientación forman parte de la misma búsqueda, “una Orientación que pretenda dar respuesta a las demandas de los latinoamericanos a través de un enfoque  interdisciplinario y psicosocial, una práctica contextuada y con compromiso social, además
de unos principios éticos y políticos que tengan en cuenta el escenario de incertidumbre
 
laboral y desigualdad social en América Latina para poder ser un paradigma crítico, sin

„considerarla la panacea que eliminará todas las injusticias‟, porque „no es tarea que podamos hacer solos‟, sino que esta tarea debe ser integrada a las políticas públicas. (González Bello, 2008)


El artículo que presentamos -fragmento del capítulo 7 “Los dispositivos de acompañamiento en las instituciones educativas” del libro: “Entre adolescentes y adultos en la escuela. Puntuaciones de época”- es un buena medida una respuesta a las  tensiones propias de nuestro campo de discursos y prácticas y un punto de partida que permita renovarlos. Se trata del propósito de poner negro sobre blanco la demarcación del campo de la llamada orientación educativa y la explicitación de una posición ética, teórica e ideológica que forma parte de las llamadas “perspectivas críticas en orientación”.


Las prácticas de la Orientación Educativa.

Existen un conjunto de acciones en distintos niveles y ciclos del sistema educativo, que abordan un amplio espectro de problemáticas y de conflictos que atraviesan dimensiones pedagógicas, institucionales, sociales y subjetivas. Entre ellas, podemos nombrar las dificultades en  los  procesos  de  enseñanza-aprendizaje  de  los  alumnos,  el denominado fracaso escolar, los problemas de retención –básicamente- en los ciclos medio y superior, el abandono escolar, los conflictos de convivencia en las instituciones. A este listado debemos sumarle las diversas problemáticas psicosociales que atraviesan la vida cotidiana de los centros educativos, algunas de ellas vinculadas con la violencia, con los consumos de alcohol y otras drogas, con las problemáticas de inserción ocupacional  y
la elección de trayectorias futuras, con el “aprovechamiento” del llamado tiempo libre,   por
 
nombrar algunas de las más significativas. Muchas de ellas, son objeto  de  una intervención “especializada” que han sido nombradas como: psicopedagógicas, psico- educativas, de psicología educacional o escolar. Sin embargo, el término orientación educativa ha sido el que mayor consenso generó, al menos, en muchos países de latinoamérica y el mundo.


La práctica de la Orientación Educativa en Latinoamérica está a cargo de profesionales con formaciones académico-disciplinares distintas: psicólogos, psicopedagogos,  asistentes educacionales, psicólogos sociales, licenciados en ciencias de la educación, trabajadores sociales, maestros, profesores. Todos ellos, a pesar de sus diferencias, suelen denominarse genéricamente orientadores.


Los procesos de institucionalización de estas prácticas son muy variados en el vasto territorio Iberoamericano. En algunos países existe la carrera de grado denominada Orientación, con cargos creados de orientadores en el sistema educativo y hasta su propio himno y sindicato (Costa Rica, es un ejemplo de ello).

Departamentos de orientación, departamentos de psicología, gabinetes psicopedagógicos, equipos de orientación escolar o salud escolar, asesores y consejeros educativos o escolares, equipos o sistemas de tutorías, son algunos de los diferentes nombres que reciben los dispositivos al interior de las organizaciones educativas.

Podríamos concebir a la Orientación Educativa como el conjunto de discursos y prácticas - sostenidos  por   profesionales  especializados-  que  promueve  la  interrogación  de      la
 
dimensión conflictiva de las instituciones educativas, al mismo tiempo que colabora en el desarrollo y cumplimiento de sus funciones específicas.
De este modo, en el marco de las variadas temáticas que hacen al funcionamiento institucional y a la vida cotidiana de los sujetos que la habitan, la especificidad de la Orientación Educativa podemos situarla en la dimensión conflictiva propia de las intersecciones entre los sujetos, los grupos, las instituciones, las comunidades. La dimensión conflictiva está asociada a situaciones problemáticas específicas pero también al malestar de la cultura en general.


La particularidad de la Orientación Educativa respecto a otras prácticas en el campo de la educación, haría referencia, a intervenciones centradas en aquello que acontece en un “más allá” de lo estrictamente pedagógico-didáctico. Ese “más allá” estaría íntimamente asociado al malestar que, en términos generales, se produce a partir de que los sujetos deben resignar parte de los modos de satisfacción pulsional para que resulten socialmente aceptables. Dicho conflicto estructural se imbrica, de este modo, con las situaciones problemáticas de época. El malestar subjetivo e institucional podríamos pensarlo como una expresión de la cualidad conflictiva humana en situación.


El Doble circuito de la Orientación Educativa

La función de la Orientación Educativa se desplegaría en un doble circuito. Por un lado, una posición analítica, clínica, en un sentido amplio del término, basada en la de- construcción de la dimensión conflictiva de la vida en las instituciones educativas y del malestar como expresión de la misma.  Por otro, en una posición pedagógica centrada  en
 
la construcción de líneas de acción, de estrategias de intervención, de programas relacionados con la vida institucional y las problemáticas psicosociales de época.
Allí donde ciertos discursos del saber técnico pedagógico buscan el cierre y obturan los conflictos en la vida subjetiva y social (muchas veces generando procesos de estigmatización), nos proponemos interrogarlos, atendiendo a ese “más allá” como vía para construir una dimensión enigmática de los conflictos con las que nos enfrentamos.


Sería el pasaje del conflicto a la configuración de una situación problemática. Para que ello ocurra, se trata de adoptar una posición clínica donde el profesional “orientador” intente hacer ingresar el conflicto en la lógica del síntoma, con la primacía de lo simbólico y su articulación significante, es decir, donde el conflicto pueda promover líneas de significación. En la misma dirección, se trata de favorecer la implicación de los sujetos participantes para permitir registrar que “yo/nosotros tengo/tenemos algo que ver con aquello que me/nos pasa”. De ahí que podamos sostener, tanto en la clínica individual como en las prácticas institucionales, que el síntoma es enigma, opacidad singular y/o colectiva a descifrar. (Kiel & Zelmanovich, 2009)


Insistimos en que la posición analítica-clínica del profesional que actúa en las instituciones educativas procura resistir incesantemente a las maniobras que la cultura trama para que los conflictos sean recusados, camuflados, eludidos. En su lugar, debe advenir una forma de operar que promueva la búsqueda de un camino que habilite universos de sentido, abriendo interrogantes que colaboren a una configuración multicausal de una situación problemática. Es la vía que permitirá que los conflictos se redefinan, se elaboren, se
reencaucen. Si algo aporta el psicoanálisis a la práctica clínica tanto a nivel individual
 
como en la “numerosidad social” es, justamente, pensar los síntomas como producción de sentido. De este modo, la operatoria que transforma el conflicto en síntoma posibilitará la implicación subjetiva, permitiendo reconocer la existencia de un más allá de lo racional, otorgándole al sufrimiento sentidos propios, singulares. La implicación supone un movimiento que permite que el malestar generado por los conflictos pueda ir encontrando cauces para su tramitación, tanto individual como colectiva. La condición de síntoma y el malestar asociado, puede colaborar, entonces, no sólo en el proceso de significación sino en la búsqueda de su transformación. En la medida que algo nos resulte molesto, podremos generar -a través de un pasaje de lo pasivo a lo activo- caminos de elaboración.


El psicoanalista argentino Fernando Ulloa (2005) nos enseña que la clínica hace  referencia a una práctica de la escucha, a una manera de tramitar, de procesar los datos de un campo, alejada de la medicina e incluso de la patología. La clínica como un  proceder particularmente idóneo en tanto productor de pensamiento crítico, sostenido por un sujeto profundamente autocrítico, capaz de poner sus convicciones, sus saberes, sus certezas en estado borrador. Obviamente, estamos refiriendo a la producción colectiva de pensamiento que posibilite que los sujetos recuperen su propia inventiva, sus capacidades creativas y transformadoras.


La escucha es un proceso de apertura a la "diferencia", a la otredad. Escuchar es la operatoria para registrar lo que el otro esconde, niega, enmascara. Es un oír más allá de lo dicho en los decires, intentando captar la relación que el sujeto tiene con el Otro.
 
Los conflictos institucionales y subjetivos tienen, en algunos casos, un carácter relativamente previsible, mientras que en otros, están dominados por lo imponderable. Por ello, en ciertas ocasiones el profesional “orientador” puede anticiparse a través de diferentes dispositivos, programas y estrategias de abordaje, y en otras circunstancias, requiere del análisis caso por caso, a partir de una lectura situacional. De manera que la posición clínica se complementa con la posición que hemos denominado pedagógica. Ambas deben ser interpretadas como constructos teóricos más que fácticos. En la cotidianeidad de la vida institucional no serían –necesariamente- distinguibles. Mientras la posición clínica – analítica está centrada en la escucha, la segunda permite planificar acciones que colaboren en la eficacia del funcionamiento del dispositivo escolar y de la salud de los diferentes actores.

Las prácticas de la orientación se enfrentan en la actualidad a realidades muy complejas donde las instituciones y sus actores están cada vez más interpelados y demandados. En este contexto, se desenvuelve la especialización de esta función en Orientación Educativa, con nuevas perspectivas teórico-prácticas que la sustentan. Nuestro desafío es intentar articular y aportar al mejoramiento del funcionamiento institucional en las circunstancias y situaciones agudas que viven las sociedades y las organizaciones educativas en la actualidad pero también al respeto por la subjetividad y la producción singular de los diferentes actores que la componen. Es un trabajo de gestión y de clínica al mismo tiempo, en un despliegue que, como hemos dicho, es de doble circuito. .
La Orientación Educativa así pensada es irreductible a lo pedagógico, sociológico y psicológico. Por ello, insistimos, que no se trata de una disciplina sino de un campo de problemas abordable desde una lógica transdisciplinaria. En sus diferentes matices, con
 
sus particulares recursos, podemos aventurarnos a sostener que la Orientación Educativa constituye -en conjunto- una estrategia de acompañamiento de los diferentes actores que componen la escena educativa. Y, como tal, supone una tarea artesanal, donde los saberes, las técnicas y los recursos de los profesionales están al servicio del abordaje y resolución de las problemáticas particulares y singulares de cada institución revalorizando las capacidades instituyentes de los sujetos que la componen. En esta dirección,  la eficacia de las prácticas de orientación estará asociada a su inclusión e integración en el proyecto educativo institucional.

El carácter artesanal y situacional de la Orientación Educativa

El carácter artesanal y situacional de esta práctica implica una lectura aguda de las problemáticas propias de cada institución (Satulovsky & Theuler, 2009). De modo que, a partir de lineamientos generales precisos de los organismos estatales, cada jurisdicción y cada una de las instituciones educativas deberán encargarse de definir cómo organizar los dispositivos específicos de orientación. Esto supone, entre otros aspectos, promover espacios de encuentro e intercambio con los docentes, los estudiantes, las autoridades y los padres; elaborar las estrategias y los recursos necesarios para anticipar y actuar frente a situaciones de malestar que puedan generar diversos conflictos; acompañar a los alumnos individual y/o grupalmente frente a situaciones problemáticas de distinta índole, tanto de aprendizaje como de adaptación a la vida escolar, generar espacios de encuentro grupal que favorezcan el intercambio y la integración de todos los alumnos.


La propuesta supone pensar y hacer Orientación Educativa desde un espacio diferenciado del discurso técnico pedagógico que muchas veces sobreentiende la escena  institucional.
 
Es cuando se viste de diferentes ropajes, a la moda de las distintas corrientes  pedagógicas o psicológicas, basando su arquitectura en un ideal de adaptación total del sujeto al medio (social cultural) y a la institución. La operatoria tradicional  de sobreentender el escenario escolar se funda en la posesión de un saber supuestamente científico que produce una práctica sostenida exclusivamente en la eficiencia de la técnica. De esta manera habría un discurso que hace cierre sobre lo instituido, que no pone en evidencia la ideología que lo atraviesa, que confirma plenamente el orden establecido y las estrategias de acomodamiento. Un modo de operar a partir de la creación de certezas, de la imposición de verdades y de la transmisión de creencias.


Frente a esta concepción proponemos una perspectiva crítica, un abordaje desde la complejidad que desnaturalice los fenómenos sociales y que propicie la de-construcción  de las tramas que tejen las situaciones problemáticas institucionales.
Este enfoque, se propone confrontar con las concepciones de Orientación Educativa que se presentan “neutras” desde el punto de vista ideológico y alejado de toda reflexión sobre la cuestión de las finalidades sociales que persiguen. (Rascovan, 2009)


Planteamos una mirada cuestionadora del orden social vigente, postulando la intelección de los procesos socio-históricos desde las relaciones de poder que en ellos existen. Se trata de un saber crítico que intenta el develamiento de las deformaciones, presiones y restricciones que operan en los sujetos singulares y en los colectivos humanos, promoviendo la autonomía y la responsabilidad tanto individual como social en la construcción de la propia vida. Este saber crítico tiene, entonces, objetivos emancipadores
que deberían constituir el pilar de las prácticas de la orientación. Desde esta   concepción,
 
pues, se procurará analizar las problemáticas de la vida actual, reconociendo las singularidades y las especificidades de cada sujeto y sector social, así como también el análisis de las operaciones que sostienen y promueven ciertos ideales. Es decir, se busca interrogar los conflictos presentes en la vida escolar, articulándolos con el contexto sociocultural y las lógicas de poder que lo sostienen.


En síntesis, el abordaje mencionado propone no legitimar lo que ya se sabe sobre los problemas subjetivos e institucionales y sobre los dispositivos tradicionales de atención- acompañamiento, sino en abrir interrogantes sobre sus enunciados y sus prácticas con el propósito de alentarnos a pensar la Orientación Educativa de otro modo.


Intersecciones entre salud y educación

Hace tiempo venimos, como grupo1, abonando la idea de pensar e intervenir frente a cierto tipo de problemáticas propias de la Orientación Educativa como formas de expresión de intersecciones, de interrelaciones, de entrecruzamientos, entre salud y educación. (Levy, Korinfeld, Rascovan, 2012)


Afirmar que ciertos problemas son propios de las intersecciones entre salud y educación, es indicar las coordenadas que lo constituyen en los múltiples atravesamientos, sin encasillarlos disciplinariamente. De este modo, no sólo nos apartamos de la rigidez disciplinaria (que a veces domina la práctica de la Orientación Educativa), sino  que  al nominar intersecciones entre salud y educación,  aludimos    al

1 Hago referencia a la historia institucional de Punto Seguido, expresada en diversos documentos y artículos escritos, como así también en las clases de los diferentes cursos virtuales que brindamos. www.puntoseguido.com
 
nivel social-institucional en el que los problemas se presentan a nuestro análisis e intervención. Problemas que a su vez, ciertas disciplinas -y sus especialidades- pretenden capturar, transformándolos en objetos discretos.


Las perspectivas tradicionales de la Orientación Educativa han desplegado posiciones directivas, centradas específicamente en la atención al alumno o referidas a los aspectos metodológicos de la práctica educativa. Cuando ampliaron su foco de intervención desde perspectivas idealistas o tecnicistas, mantuvieron posiciones paternalistas y normalizadoras para con los sujetos, los grupos, las instituciones. El orientador se comportaba, allí, como el “corrector” respecto de los ideales, el portador de los secretos y soluciones para reencontrar el camino perdido o, en todo caso, para indicarle al sujeto en qué sector del sistema educativo estaría apto para continuar. Reforzando y legitimando la tutela educativa moderna, propone y produce un alumno desde la racionalidad de un saber y bajo el ejercicio de un poder.


Desde nuestra perspectiva se trataría de una orientación que no orienta (en el sentido de no definir una dirección preestablecida desde un lugar de saber, es decir, desde un lugar de poder que anula al otro) sino que sea capaz de sostener la singularidad y el protagonismo de los sujetos, de los grupos y de las instituciones en la definición de sus propios problemas y en la búsqueda colectiva de las alternativas para abordarlos y superarlos. (Rascovan, 2009)

Es por ello que al nominar intersecciones entre salud y educación, intentamos alejarnos de un lugar omnipotente y omnisciente. Más que orientar procuramos promover en   las
 
instituciones y en los sujetos (que la sostienen pero también la transforman) maneras  de tramitación de las problemáticas que se ubican en las intersecciones entre salud y educación. Y lo pensamos así porque dichos problemas  –insistimos- no “encajan” en  los objetos previamente prescriptos como pertenecientes a las disciplinas académicamente legitimadas, tales como la pedagogía, la psicología, la  psicopedagogía o la Orientación Educativa misma cuando se erige como disciplina.


Como ya hemos señalado, las intersecciones entre salud y educación están inscriptas en un territorio de entrecruzamientos de instituciones sociales (educación, salud), de sistemas (sistema educativo, sistema de salud, servicios sociales) y de disciplinas (ciencias de la educación, psicología, psicopedagogía).


En algún sentido podríamos postular la inscripción de las prácticas de Orientación Educativa como prácticas de salud mental, teniendo en cuenta la estrecha relación  entre los discursos y prácticas pedagógicas y las terapéuticas.
Para ello se impone revisar la relación que existe entre determinadas prácticas realizadas en las instituciones educativas y el campo de la salud mental, señalando ciertas analogías, similares tensiones y contradicciones.
La cuestión de la nominación -es decir nombres que portan la historia del campo, que expresan sus contradicciones, y que se han instituido en las prácticas y en los discursos- apunta a describir el grado de complejidad de las problemáticas que  abordan, al mismo tiempo que el estado de resolución de las tensiones que lo recorren.


La nominación intersecciones entre salud (mental  podríamos agregar) y  educación es
 
representativa de lo que hacemos, pero fundamentalmente de lo que queremos hacer. Esto es, enunciar ciertos problemas sin reducirlos al dispositivo escolar. Trascenderlo, incluyendo prácticas sociales y de salud en el vasto campo de las interacciones entre lo subjetivo y lo social.


El nombre Orientación Educativa ha devenido concepto polisémico que devela ciertas marcas de origen, es decir, un sentido originario fuertemente directivo, clasificador, con posiciones paternalistas y normalizadoras. También el nombre Salud Mental, (políticas de salud mental, el sector salud mental, campo de salud mental, según el caso), condensa las mismas marcas fundantes. (Korinfeld, Levy, Rascovan, 2013: 198)


Salud por una parte guarda intensa pregnancia por su oposición a enfermedad, instaurando un campo de valores, arbitrario, que no puede producirse más que como resultado de un consenso de diferentes actores sociales en determinado lugar y tiempo. Mental, conserva la marca de su oposición a corporal, física, una dualidad superada en la mayoría de las enunciaciones teóricas. Esta nominación expresa más un campo de prácticas en transición, que el tipo de problemáticas subjetivas - sociales en juego.


Sostener la denominación “salud mental” tiene el único propósito de reconocer un campo de problemáticas pero también de prácticas, intersectoriales, interdisciplinarias, interprofesionales e interinstitucionales. La cuestión de la “salud mental” supone una problemática principalmente política, en la que el Estado juega un rol decisivo como garante en la condición de sujeto de derecho de los usuarios de sus servicios y la
protección  contra  toda  discriminación.  Al  respecto,  en  Argentina,  la  reciente     Ley
 
Nacional Nro. 26.657 reconoce a la salud mental como un proceso determinado por componentes históricos, socio-económicos, culturales, biológicos y psicológicos, cuya preservación y mejoramiento implica una dinámica de construcción social vinculada a la concreción de los derechos humanos y sociales de toda persona. (Ley Nacional Nro. 26.657. Artículo 3).


A su vez sostiene que, el Estado debe promover que “las autoridades de salud de cada jurisdicción, en coordinación con las áreas de educación, desarrollo social, trabajo y otras que correspondan, implementen acciones de inclusión social, laboral y de  atención en salud mental comunitaria2. Se debe promover el desarrollo de   dispositivos
tales como: consultas ambulatorias; servicios de inclusión social y laboral para  personas después del alta institucional; atención domiciliaria supervisada y apoyo a las personas y grupos familiares y comunitarios; servicios para la promoción y prevención en salud mental, así como otras prestaciones tales como casas de convivencia, hospitales de día, cooperativas de trabajo, centros de capacitación socio-laboral, emprendimientos sociales, hogares y familias sustitutas”. (Ley Nacional Nro. 26.657. Artículo 11).


Evidentemente es una concepción de salud mental que trasciende los límites de los efectores específicos para constituirse en un campo complejo articulado con la vida cotidiana y la participación de la comunidad. Es claro que las prácticas de Orientación Educativa deberían inscribirse en esta línea que marca la ley, principalmente con los


2 La itálica es un subrayado nuestro
 
dispositivos específicos en las instituciones educativas que representan servicios para la promoción y prevención en salud mental.


La Orientación Educativa como práctica de Salud Mental Comunitaria

Es por lo antedicho, que el campo de la salud mental puede adjetivarse de comunitario. En ese vector, la salud mental comunitaria (SMC) podríamos situarla en las complejas interrelaciones que se producen entre los sujetos y los conjuntos sociales. Calificar de comunitaria a la salud mental hace visible la imposibilidad de reducir los problemas psíquicos al sujeto o a la sociedad exclusivamente. Entender la salud mental como comunitaria es hacer hincapié en las interrelaciones que se producen entre sujetos y sociedad, constituyéndose de este modo en un campo de análisis e intervención propio.


La idea central de la SMC es, entonces, trascender la noción de enfermedad mental, objeto de la psiquiatría y, propia del criterio disciplinario de abordaje de los problemas psíquicos, y promover una consideración del sufrimiento humano en su inseparable articulación con la vida social. Es pensar la existencia humana como estructuralmente conflictiva, de manera que el padecimiento, el dolor y/o el malestar sean entendidos como manifestaciones del continum salud / enfermedad, aunque en diferentes grados.


Las perspectivas críticas para comprender e intervenir en las intersecciones entre salud y educación pondrán mayor interés en los sectores más desprotegidos de la población, estimulando que las prácticas de Orientación Educativa, puedan integrarse al conjunto de las políticas sociales en general, lo que conlleva a la posibilidad de que coexistan   y
se  articulen   -en  el   mejor  de  los   casos-  como  dispositivos  de  intervención       en instituciones educativas y de salud con otros programas de alcance social y comunitario.


Hace tiempo que en el campo de la salud mental existe una puja entre diversas formas de concebir el trastorno psíquico y sus maneras de abordarlo. El propio concepto „Salud Mental‟ se mostró especialmente fructífero al erosionar las creencias y prejuicios con  los que se abordaban los problemas del sufrimiento psíquico por parte de la psiquiatría tradicional, generó un nuevo foco desde el cual abordar los problemas y éste era el de comprender los sufrimientos mentales del sujeto en el conjunto de sus relaciones sociales. Es justamente esta relación en la que se piensan los problemas de la salud mental, en el entrecruzamiento de lo individual y lo colectivo la que ha entrado en crisis en los últimos años a propósito de las relaciones entre lo público y lo privado. (Galende, 2010)


La salud mental será comunitaria en tanto trascienda los límites impuestos por las concepciones insulares del padecimiento psíquico. De ese modo se ocupará de una gama mucho más amplia de dimensiones conflictivas de la vida, de diversos sufrimientos humanos, lo cual necesariamente pone en cuestión las formas de comprender esta práctica como una intervención estrechamente ligada al diagnóstico. En esa amplitud de fronteras es que podemos pensar los discursos y prácticas de la Orientación Educativa formando parte del campo de la SMC.

La salud mental será comunitaria en tanto procure desentrañar las problemáticas del poder, develar la dimensión política  y social  de todo padecimiento  y    sus  formas  de
 
abordaje. Desde luego, esta operatoria no significa pretender eliminar las cuestiones del poder –que es inherente a todas las formaciones sociales- pero sí promover mayor visibilidad sobre ellas, generando condiciones favorables para comprender el fenómeno y operar en él.


La salud mental será comunitaria, también, cuando logre constituirse como una práctica sanitaria que promueva espacios de participación colectiva, a través de los cuales el colectivo mismo defina sus propios problemas y, obviamente, la búsqueda de sus soluciones. De esta manera la SMC evita correrse todo lo posible de una posición autoritaria que trata de implementar dispositivos más ligados al control paternalista, a la tutela, o al asistencialismo.


Las prácticas de SMC consistirán, entonces, en “la aplicación de métodos que, detectando las áreas de conflicto o fragilidad en los vínculos, lo hacen circular por el conjunto social, familiar o grupal, evitando apropiarlo en un diagnóstico o en una intervención técnica resolutiva. Se trata de que el conflicto se resuelva o pierda capacidad patógena por su asunción colectiva”. (Galende, 1998)


A pesar de todos los fundamentos esgrimidos, por nuestra parte y solo de manera provisional (como en rigor son todas las aproximaciones teóricas-epistemológicas) dado el carácter controvertido que aún persiste alrededor de la denominación salud mental, optamos por su nominación más genérica, salud, en tanto pretensión de sostener un criterio  más  integral  e  integrador  de  las  problemáticas  humanas,  sean   biológicas,
psíquicas, sociales y/o ambientales.
 


Es por ello que creemos que,  la  nominación “intersecciones  entre  salud  y  educación” expresaría, con más claridad el tipo de problemáticas con las que nos enfrentamos y sobre la que queremos efectuar una elucidación crítica. Una nominación que hace centro en las problemáticas del malestar y en la condición conflictiva  inherente a la vida humana misma.



Referencias Bibliográfícas

Bock, S. D. (2002).Orientación profesional: un abordaje socio histórico. San Paulo: Cortez
Bock, S. D. (2010).Orientación profesional para clases pobres. San Paulo: Cortez


Galende,     E.     (2010).     La     Angustia,     el     Miedo     y     la     Esperanza        en

http://www.topia.com.ar/articulos/%E2%80%9C-angustia-miedo-y-esperanza%E2%80%9D


Galende, E. (1998). De un horizonte incierto. Psicoanálisis y salud mental en la sociedad actual. Buenos Aires: Paidós.

González Bello, J. (2008): La orientación profesional en América Latina. Fortalezas, debilidades, amenazas y oportunidades. Revista Mexicana de Orientación Educativa, 5(13), 44-49.
 
Hernández Garibay, J. & Vargas H. M. (Org.) (2008). Retos educativos para el siglo

XXI. México: Cenzontle.


Kiel, L. & Zelmanovich, P (2009). Los padecimientos en la escena educativa y los avatares del lazo social. Clase 5 del Curso Psicoanálisis y prácticas socio educativas. Buenos Aires: FLACSO.

Korinfeld, D., Levy, D. Rascovan, S. (2013): Entre adolescentes y adultos en la escuela. Puntuaciones de época. Buenos Aires: Paidós.


Korinfeld, D., Levy, D. Rascovan, S. (2012): Perspectivas críticas en Orientación Educativa. Presentación en el Congreso de Unión Latinoamericana de Psicología – ULAPSI-. Montevideo.


Ley Nacional de Salud Mental Nro. 26.657. Disponible en

http://www.msal.gov.ar/saludmental/images/stories/info-equipos/pdf/ley-nacional-salud-mental-26.657.pdf


Rascovan, S. (2009). Orientación vocacional. Una perspectiva crítica. Buenos Aires: Paidós.


Ribeiro A. M. (2013). Reflexiones epistemológicas para la orientación profesional en América Latina: una propuesta desde el construccionismo social. Revista Mexicana de Orientación Educativa Nro. 24, 4-12.
 
Satulovsky, S. & Theuler, S. (2009). Tutorías, modelo para armar y desarmar. Buenos Aires: Noveduc.


Ulloa, F. (2005) Novela clínica psicoanalítica. Historial de una práctica. Buenos Aires: Paidós


(*) Sergio Rascovan: srascovan@puntoseguido.comsergio.rascovan@gmail.com

www.puntoseguido.comwww.imagenesocupacionales.com

Magister en Salud Mental Comunitaria de la Universidad Nacional de Lanús (UNLa). Lic. en Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Miembro fundador y director de Punto Seguido, espacio de intercambio y formación en salud y educación.

Coordinador General de DAR PIE, Programa Nacional de Orientación Vocacional del Ministerio Nacional de Educación de la República Argentina.

Miembro del Consejo Académico de la Carrera de Especialización en Orientación Vocacional y Educativa en la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTreF) y profesor de postgrado en la misma carrera.
Profesor pasante en diversas universidades nacionales (Universidad Nacional de Rosario, Universidad Nacional de Misiones, Universidad Nacional de La Rioja, Universidad Nacional del Comahue) y latinoamericanas (Universidad Nacional de Costa Rica).

Profesor Titular de la Cátedra de Orientación Vocacional de la Carrera de Psicología, de la Universidad de Palermo (UP).
 

Autor de Imágenes Ocupacionales en sus dos versiones, digital y papel: set de fotografías para realizar actividades grupales e individuales de Orientación Vocacional. Autor de DAR PIE, Programa computarizado de Orientación Vocacional del Ministerio Nacional de Educación de la República Argentina.
Autor, entre otros libros, de: Orientación Vocacional. Una perspectiva crítica. Paidós, 2005; Los jóvenes y el futuro. Programa de orientación para la transición al mundo adulto. Proyectos con recursos y actividades. Noveduc, 2012.

Co-autor del libro Entre adolescentes y adultos en la escuela. Puntuaciones de época en conjunto con Daniel Korinfeld y Daniel Levy, Paidós, 2013

Fue presidente, vicepresidente y secretario científico de la Asociación de Profesionales de  la  Orientación   de   la   República  Argentina  (APORA)   en   diferentes    períodos.

Autor de numerosos artículos en diferentes publicaciones nacionales e internacionales. Miembro del Consejo Editorial Internacional de la Revista Mexicana de Orientación (REMO) y de la Revista Educare del Centro de Investigación y Docencia en Educación (CIDE) de la Universidad Nacional en Costa Rica (UNA).


Se desempeña en la clínica psicoanalítica con jóvenes y adultos, en la atención en orientación vocacional y en el asesoramiento a ministerios e instituciones educativas y de salud.


(El presente texto es un fragmento del capítulo 7 “Los dispositivos de acompañamiento en las instituciones educativas” del libro: “Entre adolescentes y adultos en la escuela. Puntuaciones de época”. Buenos Aires Paidós, 2013)









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